Aún mientras espero, muto. Mis emociones están vibrando. Tratan de mantenerse, pero no dejan de observar, de adaptarse, de reaccionar. Agarrarse, quedarse paciente en un mismo lugar es ingenuo. Si no cambio, cambia el aire que respiro, y con él las moléculas dentro de mí.
Aún si no me muevo, mis músculos se contraen y empiezo a ser presa de la tensión y con ello a deteriorarme. Si no me muevo, el piso me pasea por un nuevo lugar del cosmos, aunque no lo desee. Mi visión de las estrellas cambia, mis polaridades se adaptan a las nuevas ondas magnéticas.
Inocente soy cada vez que me creo la misma. Incrédulo eres cuando te lo asomo. Incauto si crees que estoy aquí... Cuando vuelvas a mirar estaré en un lugar distinto, habré crecido, habré superado las que antes eran nuevas pruebas. De seguro habré obviado alguna oportunidad y en vez habré atajado alguna otra. Cuando vuelvas tu mirada hacia mí, ni siquiera yo sé quién seré, porque soy impredecible, como tú.
jueves, 27 de enero de 2011
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